23 recetas de inspiración asiática fáciles de preparar en casa
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29 May 2026
Rollitos de primavera crujientes, fideos soba irresistibles, mochi con esa textura tan característica… La cocina asiática tiene más personalidad que la mayoría de los libros de cocina juntos. Umami, picante, dulce, salado, elástica, sedosa: lo tiene todo. Y, aunque tenga fama de ser complicada, no hace falta esperar al repartidor para disfrutar de todo ese sabor. Puedes prepararla fácilmente en casa. Con unos básicos más en la despensa y los electrodomésticos adecuados en la encimera, todas las recetas de dumplings, noodles y salteados que encontrarás aquí se convierten en opciones perfectas para cualquier noche de la semana.
23 recetas de inspiración asiática fáciles de preparar en casa
Crea una despensa asiática básica, pero muy completa
Pon a trabajar a tus ayudantes de cocina de KitchenAid
¿Te apetece preparar más cocina asiática en casa, pero no sabes por dónde empezar? Pasar de "me encanta la comida asiática" a "preparo comida asiática" es mucho más fácil cuando tienes los electrodomésticos adecuados en la cocina.
Si te impone la montaña de ingredientes aromáticos picados y verduras cortadas que parece pedir cada receta, el procesador de alimentos reduce de forma drástica el tiempo de preparación. Sin necesidad de cortar como un profesional. La batidora de vaso se encarga de lo que el cuchillo no puede hacer: bases de curry suaves, salsas emulsionadas y sopas con un acabado brillante, como el de un restaurante. ¿Y las masas? Para eso está la batidora amasadora. Desde fideos soba consistentes hasta masa de mochi elástica, las amasa por ti sin que tengas que esforzarte.
Con este trío a tu lado, podrás preparar tus platos de siempre para llevar cualquier martes por la noche.
Crea una despensa asiática básica, pero muy completa
Esas listas interminables de ingredientes que ves en las recetas asiáticas hacen que parezca que necesitas medio supermercado asiático para preparar un salteado decente. Pero no te dejes impresionar. Si llenas la despensa con unos cuantos básicos, ya tendrás a tu alcance la mitad de los platos de tu carta para llevar favorita.
Empieza por lo básico: hazte con algunos ingredientes imprescindibles, familiarízate con sus sabores y ve incorporando otros nuevos a medida que ganes confianza y te apetezca probar más. Sin prisas. Quédate con lo que te funcione, ve montando tu despensa poco a poco y usa la lista de abajo como kit de iniciación.
Salsa de soja: La salsa que lo mueve todo. Marinados, salsas, salteados… siempre entra en juego. Hay muchos tipos de salsa de soja, pero la clara es la todoterreno del día a día. Úsala cuando necesites dar sabor de forma rápida, y recurre a la salsa de soja oscura cuando busques un color más intenso y un sabor más profundo.
Tamari: Piensa en el tamari como una salsa de soja, pero con más profundidad y un sabor más redondo. Suele ser naturalmente sin gluten y aporta una dosis extra de umami a todo lo que toca. Añádelo a marinados, salteados, salsas para mojar o aliños y verás cómo el sabor sube de nivel al instante.
Aceite de sésamo: ¿Sientes que a tu plato todavía le falta "algo"? Añade un poco de aceite de sésamo al final. En cuanto aparece ese aroma tostado y a fruto seco, los sabores se realzan y la cena mejora al instante.
Vinagre de arroz: Si buscas un toque ácido sin que resulte demasiado agresivo, el vinagre de arroz es tu mejor aliado. Es más suave que la mayoría de los vinagres occidentales, pero tiene la intensidad suficiente para realzar el arroz para sushi y equilibrar ensaladas o boles.
Salsa de pescado: ¿El secreto para que las sopas, curries y aliños tailandeses y vietnamitas tengan el sabor justo? La salsa de pescado. Se elabora con pescado salado y fermentado, madurado hasta dos años. Con unas gotas basta.
Salsa de ostras: Cuando buscas ese acabado brillante, al estilo de la comida para llevar, esta es la botella que necesitas. Es espesa, sabrosa, con un ligero toque dulce, y se adhiere a los noodles y a las verduras salteadas como si estuviera hecha para ellos. ¿Cocinas vegetariano? Fíjate en las versiones a base de setas: aportan la misma profundidad de sabor, pero sin ostras.
Pasta de miso: Soja fermentada. No suena especialmente espectacular, pero créenos: la pasta de miso merece estar en esta lista. Es salada, terrosa, está llena de umami y es increíblemente versátil. Sopa de miso, marinados, aliños cremosos… Basta una cucharada para que todo tenga un sabor más intenso y sabroso.
Gochujang: Esta pasta de chile no está hecha para pasar desapercibida. Elaborada con soja fermentada, arroz glutinoso y copos de chile coreano, tiene un sabor intenso y un color rojo vibrante. Además, está detrás de ese picante que va subiendo poco a poco, el mismo que has probado en platos coreanos sin saber muy bien cómo recrearlo en casa.
Leche de coco: Casi no necesita presentación. La leche de coco es la razón por la que la mitad de tus platos asiáticos favoritos saben a puro confort. La añades y, de repente, todo queda más cremoso, suave y sabroso.
Jengibre, ajo y chiles: El jengibre, el ajo y los chiles son el punto de partida del sabor en la cocina asiática. No es casualidad que aparezcan en prácticamente cualquier lista de la compra.
Salsas intensas y condimentos con carácter
Descubre los potenciadores del sabor. Se preparan en cuestión de minutos y hacen que cualquier plato resulte más sabroso y vibrante. Úsalos para mojar, aliñar, marinar o dar el toque final a tu bol de noodles favorito.
1. Pasta de curry rojo casera

¿Lo mejor de esta pasta de curry casera? Que nadie te impide añadir un chile más. Prepárala suave, muy picante o llévala al nivel de "vamos a poner a prueba la alarma de incendios". Tú decides. La parte más laboriosa, en cambio, déjasela a tu procesador de alimentos. En menos que canta un gallo, esos chiles, tallos de citronela y especias se transforman en una pasta roja intensa, con un sabor más fresco que cualquier opción preparada. Guárdala en la nevera hasta 10 días y añádela a curries, sopas de noodles o cualquier plato que necesite un toque extra de sabor.
2. Salsa tailandesa de cacahuete

Puedes salir corriendo a comprar salsa de cacahuete. O preparar esta en menos tiempo del que tardas en ponerte los zapatos. Lo más probable es que, además, ya tengas todos los ingredientes en la despensa. Solo necesitas mantequilla de cacahuete, leche de coco, pasta de curry, un poco de zumo de lima, vinagre de sidra de manzana, azúcar y sal. Cuando la prepares, empezarás a poner esta sedosa salsa de estilo tailandés en prácticamente todo: satay, rollitos de primavera, boles de noodles… Incluso en esas verduras que te habían sobrado y pensabas ignorar.
3. Salsa tailandesa de cacahuete

¿Ya dominas la salsa de cacahuete? ¡Genial! Ahora toca subir de nivel. En esta receta empezaremos con cacahuetes de verdad, que saltearemos primero con citronela y galanga para sacarles todo el sabor. Después de cocerlos brevemente a fuego lento con leche de coco, tamarindo y el resto de ingredientes, usa la batidora de mano para transformarlos al instante de una textura más gruesa a una salsa suave y brillante, directamente en la sartén. Sin complicaciones, sin cambiar de recipiente, solo pura perfección con sabor a cacahuete.
4. Mayonesa vegana de tofu

Esta mayonesa no lleva ni un solo huevo. Y no los vas a echar de menos. ¿El secreto? Tofu suave. La batidora lo convierte en una base aterciopelada, mientras que la mostaza y un toque de zumo de limón, vinagre y salsa de soja le aportan toda la frescura y la profundidad de la versión clásica. La disfrutarán hasta aquellos que no son veganos.
Entrantes para compartir, dumplings y platos para picar
¿Rellenos para rollitos de primavera picados en un momento? Facilísimo. ¿Carne picada con una textura uniforme? Listo. ¿Masa elástica para envoltorios de gyozas? Amasada. Tanto si preparas algo para ti como si cocinas para muchos, tu KitchenAid hace que cada uno de esos bocados llenos de sabor sea totalmente posible en casa.
5. Rollitos de primavera frescos

Parece que tu ensalada acaba de encontrar competencia. Estos clásicos vietnamitas son crujientes, coloridos y refrescantes. Y con el accesorio del procesador de alimentos encargándose de cortar y rallar, la preparación de las verduras va prácticamente a toda velocidad. Rellénalos con gambas, pollo o tofu, enróllalos bien y sírvelos con la salsa que más te guste en este momento.
6. Rollitos de primavera de panceta

Los has cogido mil veces de bandejas para compartir, pero ¿alguna vez los has preparado tú? Este es tu momento. Conecta el procesador de alimentos para que se encargue de rallar las verduras y picar el cerdo mientras tú te ocupas de doblarlos y enrollarlos. Después, fríelos hasta que estén dorados y deja que ese trío de soja, ostras y sésamo haga lo que mejor sabe hacer: darles ese sabor profundo, sabroso y de no poder parar de comer.
7. Rollitos de lechuga coreanos

En cuanto los lleves a una fiesta, pasarás a ser "la persona que tiene que volver a hacer esos rollitos de lechuga". Sí, están así de buenos. Por dentro, pollo jugoso cubierto de gochujang; por fuera, lechuga crujiente; por encima, semillas de sésamo y listo: un bocado vistoso que consigue ser dulce y picante a la vez. Truco para cuando tengas invitados: prepara el relleno con antelación, déjalo enfriar en la nevera y monta los rollitos justo antes de que lleguen. Total, no van a durar demasiado.
8. Gyozas de verduras

¿Por qué comprar una bolsa de gyozas congeladas cuando puedes hacerlas tú y presumir del resultado? Con un par de toques en la picadora inalámbrica, el sabroso relleno de setas y chalota queda listo en un momento. A partir de ahí, es casi como papiroflexia de dumplings para principiantes: humedece los bordes de la oblea wonton, pon un poco de relleno, ciérrala pellizcando y repite hasta que la bandeja empiece a parecer obra de alguien que sabe muy bien lo que hace. Después, cocínalas al vapor y márcalas en la sartén hasta conseguir esa combinación de base crujiente y parte superior tierna, sírvelas y verás cómo todos dan por hecho que has hecho un curso para esto.
9. Dumplings chinos

Sí, las obleas son compradas. No, no hace falta disculparse por ello. Porque la verdadera magia está en el relleno. Pasa carne de cerdo fresca, shiitake, cebolleta, ajo y jengibre por el accesorio picador de carne y verás cómo se transforman en una mezcla ligeramente húmeda y con la textura perfecta para ligar bien. Después, rellénalos, ciérralos con un pellizco y cuécelos al vapor. Spoiler: sabrán como si les hubieras dedicado horas, aunque en realidad no haya sido así.
10. Dumplings de col china y cerdo

¿Listo para pasar al siguiente nivel y dejar atrás los dumplings comprados? Entonces, empieza la clase. En esta receta lo haces todo desde cero. Sí, incluso la masa. No te preocupes, el procesador de alimentos está de tu parte. Se encarga de la masa, pica la col, el jengibre y el cerdo, y básicamente hace de ayudante de cocina como se merece una receta así. Prepara una buena tanda, cocina unos al vapor en el momento y guarda el resto en el congelador. Tu yo del futuro se alegrará de encontrarlos ahí.
11. Shumai

Hay dumplings que piden pliegues. Otros exigen un cierre perfecto. ¿Los shumai? Solo quieren que los rellenes, les des forma y los cocines al vapor. Con tu procesador de alimentos encargándose de todo lo que pasa entre bastidores (rallar la col, picar las setas, triturar la carne de cerdo), puedes ir directamente a esa parte. Cuécelos al vapor al momento, guárdalos en la nevera para mañana o mételos en el congelador hasta un mes. Eso sí, no te olvides de la salsa de soja o de una salsa picante para mojar: están mucho mejor con un acompañamiento a la altura.
Platos principales para entre semana y almuerzos fáciles
Aquí es donde empieza la parte más reconfortante. Sopas de esas que apetecen de verdad, almuerzos rápidos y comidas sencillas para toda la familia, de las que gustan a todos en la mesa. Sin necesidad de negociar.
12. Sopa tailandesa de pollo al curry verde

Si hay un plato tailandés que el mundo entero ha adoptado como comida reconfortante auténtica, ese es el curry verde. Y en cuanto pruebes un sorbo de esta versión en sopa con pollo, entenderás por qué. Es intensa y cremosa, con el punto justo de picante. La clave está en el momento: primero bate la sopa hasta que quede suave y, después, añade el pollo y las verduras y acciona la batidora un par de veces. Lo justo para que la mezcla quede jugosa y con algo de textura. Y voilà: ya tienes una comida reconfortante con carácter.
13. Sopa picante y agria

Que la palabra sopa no te engañe: este bol llega como si fuera el plato estrella de la cena. Lleva pollo, tofu, huevo, bambú y setas en abundancia. El umami se deja notar desde la primera cucharada. Después, el toque de vinagre equilibra el sabor y la pizca de pimienta blanca aporta el toque final. ¿No te apetece con pollo? Cámbialo por cerdo, ternera o cordero. Y no te olvides del arroz caliente: este bol está pensado para alimentarte como es debido.
14. Sopa de coco al curry con verduras

¿Crees que sin lácteos tiene que ser una sopa ligera o aburrida? Esta receta te demuestra lo contrario en menos de cinco minutos. La batidora de baso transforma la leche de coco y los anacardos en una base sedosa. Por su parte, el jengibre fresco, el curry amarillo en polvo y una pizca de cayena aportan ese pequeño toque picante. Añade noodles de calabacín crujientes, tiras de pimiento y un puñado de cilantro para disfrutar de un bol de lo más completo.
15. Salteado

Si el cuerpo te pide esta noche algo rápido y delicioso, este salteado es la respuesta. ¿Las verduras? Se preparan en el procesador de alimentos en cuestión de segundos. Después, solo tienes que saltear el arroz unos minutos en el wok con una salsa intensa de soja, ostras y sriracha. Para finalizar, añade tofu o pak choi a la plancha, espolvorea un poco de sésamo y cebolleta, y tendrás la cena lista antes de que la aplicación de reparto termine de cargar.
16. Sushi vegetariano

Estos rollitos de verduras no solo tienen un aspecto increíble, sino que también son fáciles de preparar, comer y servir. Convierte la zanahoria y la col lombarda en un confeti crujiente en el procesador de alimentos y, después, enrolla, presiona, coloca el aguacate y conviértete en chef de sushi por un día. Córtalos, añade por encima un poco de sésamo, hierbas o cebolla crujiente y prepárate para las caras de sorpresa cuando digas, como quien no quiere la cosa, que los has hecho tú.
17. Tamago sando

Si alguna vez te has preguntado cómo consiguen los japoneses que su pan de leche quede tan esponjoso, prepárate para unirte al club. ¿El secreto? El yudane, una técnica que consiste en mezclar agua hirviendo con una parte de la harina. No te preocupes, tu batidora amasadora se encargará de esa parte sin problemas. Después, pasa directamente al modo ensalada de huevo: deja las yemas suaves y sedosas con mayonesa japonesa y pica las claras para que mantengan esa textura esponjosa. En ese juego de dos texturas es donde está toda la magia. Móntalo, admira ese corte perfecto y disfruta del momento en que te das cuenta de que acabas de preparar un auténtico tamago sando en casa.
18. Ensalada asiática de pepino y zanahoria con aliño de miso y jengibre

Pepino crujiente, zanahoria en tiras, toques de edamame, encurtidos, hierbas frescas e incluso un poco de wakame. Esta ensalada tiene más personalidad que muchos platos principales. ¿Y ese aliño de miso y jengibre que la batidora de vaso emulsiona? Es sedoso, intenso y de esos que apetece ponerle a todo lo que comes durante la semana. Sírvela como acompañamiento si quieres, pero no te sorprendas cuando se convierta en el centro de atención.
19. Fideos soba

Resulta que para preparar unos auténticos fideos soba solo necesitas harina de trigo sarraceno y la ayuda de dos imprescindibles de la cocina: un rodillo liso para pasta y un cortador de espaguetis. Tú empiezas la masa y ellos se encargan de la parte más precisa. La estiran fina, la cortan con limpieza y sacan fideos soba que parecen recién salidos de un mostrador de Tokio. No compliques en exceso los acompañamientos. Con una salsa de soja para mojar, un poco de nori o sésamo es suficiente. Cuando los noodles están así de buenos, no necesitan nada más.
Postres divertidos y caprichos fríos
Prepara el paladar para algo dulce. Desde mochi de textura elástica hasta bubble tea cremoso, estos caprichos llevan toda la diversión suave, cremosa y masticable de tus postres asiáticos favoritos directamente a tu cocina.
20. Mochi de mango

No hay nada que diga "nacido y criado en Japón" como el mochi. Estas bolitas tan monas son suaves, elásticas y masticables por fuera. Y eso se lo debes a la harina de arroz glutinoso. ¿Pero por dentro? Te espera una bola de cremoso helado de mango que te sorprenderá. Y esa parte depende de ti, con un poco de ayuda del accesorio para hacer helado, claro. Prepara una buena tanda y esconde unas cuantas en el congelador si quieres que quede alguna para ti.
21. Helado de mochi de matcha

Si el matcha ya se ha apoderado de tus mañanas, prepárate, porque ahora también viene a por el postre. Estos preciosos bocados dulces tienen una cubierta suave y tierna de matcha y pandan, con más matcha bien frío en el interior. Elásticos, cremosos, con un ligero toque floral y un verde hipnótico… lo tienen todo. Sírvelos después de cenar y haz como si no hubieras ensayado tu discurso de "ah, en realidad son facilísimos de hacer".
22. Brownies de miso con caramelo salado ahumado

¿Qué pasa cuando un brownie denso y jugoso se cruza con el miso japonés? Que nace una pareja imbatible. El miso le da al chocolate una profundidad salada que hace que la gente se quede pensativa a mitad de bocado y, justo cuando crees que no puede mejorar más, entra en escena ese caramelo ahumado con sal marina. Aunque digas que estos brownies de miso son "para compartir", sabemos que al menos media bandeja te la vas a quedar tú.
23. Boba tea con leche

¿Es leche? ¿Es té? ¿Es un postre? Es todo eso a la vez, y por eso tiene a todo el mundo enganchado. En el fondo tienes perlas de tapioca elásticas bañadas en sirope de azúcar moreno, en el centro un té negro intenso y, por encima, un acabado cremoso con leche. Es dulce, refrescante y un poco caótico, en el mejor sentido. Sírvelo con hielo y una pajita ancha, y prepárate para que la secuencia de sorber, masticar y volver a beber se adueñe de tu tarde.
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